LA ANCHOA ES EL ORO  DEL  CANTÁBRICO.

Introducción

Un cuarto de siglo. Se dice pronto. Un cuarto de siglo desde que los fundadores de esta casa probaron la primera anchoa que salió de nuestras instalaciones y dijeron: "sí­, es como las de antes".

 

Nuestra historia es, sencillamente, la historia de un capricho, de un antojo, de unas personas que quisieron volver atrás en el tiempo y recuperar la sabiduría, casi olvidada, de una tradición que había quedado sepultada por años de mal entendido progreso.

 

¿Dónde estamos?

Estamos en Santoña, Cantabria, villa de tradición marinera. La mar es nuestro medio, nuestra inspiración. La amamos, la respetamos. Es el elemento al que se enfrentan nuestros recios pescadores cada día para hacernos llegar el pescado más fresco. A partir de ahí nos toca a nosotros. Cada día contemplamos el mar Cantábrico; bravo, profundo, orgulloso, a veces enfurecido, siempre generoso.

Historia

A mediados del siglo XIX, llegaron a Santoña salazoneros y conserveros italianos atraídos por la abundancia, la riqueza y la calidad de lo que el Cantábrico tenía que ofrecer. Somos los herederos directos de una tradición centenaria.

La mar es nuestro sustento, fue el sustento de nuestros padres y queremos que siga siéndolo para nuestros hijos. Y solo hay una forma de asegurar que nuestro legado sea duradero: respetar nuestro entorno.

Solo compramos anchoa a barcos de bajura que utilizan la pesca de cerco, lo que reduce a la mínima expresión las capturas incidentales.

Solo compramos bonito a barcos de bajura que practican la pesca a anzuelo, un arte de pesca totalmente respetuoso con el resto de las especies. 

Lo bueno lleva tiempo

Dejamos que sea la naturaleza la que marque el ritmo de la maduración. Sabemos que así es imposible equivocarse. Es así como conseguimos que nuestro producto final adquiera el color característico, el olor intenso, la textura firme y el sabor exclusivo que conocieron nuestros abuelos.

El secreto de nuestro éxito es que no tenemos ningún secreto. Solo hay una forma de garantizar que cumplimos nuestro objetivo de calidad y excelencia: que todo el proceso se lleve a cabo en nuestras instalaciones. Es aquí donde recibimos la pesca del día, donde la materia prima se trata con mimo artesanal y donde ponemos nuestra producción al servicio del cliente.

La anchoa es un producto tradicional, escaso, exclusivo, es el oro del Cantábrico. No vendemos anchoas, vendemos siglos de tradición, horas de esmero, atrapamos la esencia misma del cantábrico y el amor a lo nuestro y la envasamos.

Solo utilizamos una especie de anchoa: Engraulis encrasicholus. La más apreciada por su sabor pesca de nuestro Mar Cantábrico. La única forma de asegurar un producto fresco.

Solo utilizamos un proceso de maduración. La garantía de que nuestro producto sea uniforme.

Tres preceptos de sencilla excelencia que, como es lógico, nos llevan por un solo sendero y hacia una única meta. Por eso no disponemos de una variada gama de diferentes calidades. Solo tenemos una: la máxima.



La conservera santoñesa El Capricho, galardonada con un premio de la feria SIAL de París

Conservas El Capricho, de Santoña, ha obtenido la máxima distinción en una de las categorías de los premios SIAL Innovation que se otorgan con motivo de la prestigiosa feria alimentaria SIAL de París, que se desarrollará del 21 al 25 de octubre. Concretamente, ha sido reconocida con este galardón por su esturión 'Alma' en aceite de oliva, en la categoría de 'Productos del Mar' de estos premios. Conservas El Capricho es una conservera especializada en anchoas y bonito del norte que en ...